A veces me da por pensar que no soy lo suficientemente rabioso para ser revolucionario.
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Tengo la impresión que soy más postestructuralista de lo que me gustaría admitir. O más que postestructuralista, tengo la impresión de que me han impactado mucho algunas formas o estilos de gente que podría ser inscrita dentro de la denominación general de post-estructuralismo (aunque probablemente esas personas no estaría para nada cómodas con esa inscripción). Quiero decir: hay estilos que han ejercido sobre mí algún tipo de influencia que, de haber sido las cosas más distintas de lo que ya han sido, me podrían haber puesto en riesgo, me podrían haber sobrepasado. La incertidumbre constante, el ponerse a sí mismo en duda durante la escritura, las metáforas del futuro y esa suerte de ‘Geworfenheit’ de la actividad humana en términos temporales (la vida propia de los objetos y las obras, en esa tensión dialéctica de la conexión inextricable con los contextos y la irreductibilidad a las circunstancias), la indecibilidad, el llamado ético (la ética como llamado).
A Luis le regalé los diarios de Gabriela Mistral para su cumpleaños, y creo haber recurrido excesivamente a estos conceptos en mis comentarios del textos en los últimos días. La inserción radical dentro del contexto es lo que le permitió a Mistral producir una escritura que nos llega a hoy de forma cuasi-trascendental, en un salto dialéctico benjaminiano (me siento pésimo y asqueroso casi usando esos términos, pero así es como creo que nos está llegando esa escritura). Para ser completamente honesto, pienso así después de haber leído un texto de Avital Ronell sobre Nietzsche. “We do not always know how to calculate the importance of a work. In some cases, there is nothing even to guarantee that the work will arrive. Some works seem to set an ETA - there is a sense that it will take them years to make their arrangements, overcome the obstacles of an unprotected journey, get past the false reception desks blocking their paths” [No siempre sabemos cómo calcular la importancia de una obra. En algunos casos, ni siquiera hay algo que garantice que la obra irá a llegar. Algunas obras parecen fijar una ETA (hora estimada de llegada) - hay una sensación de que les tomará años hacer sus preparaciones, superar los obstáculos de un viaje desprotegido, traspasar los falsos mesones de recepción bloqueando sus caminos]. ¿Será que está Nietzsche digitando secretamente desde Alemania todavía las lecturas que podemos hacer de muchas más que de su obra?
“Amo a la humanidad no por mandamiento divino sino por natural. A los seres irracionales de una misma especie nadie les ha enseñado que se protejan ni se amen y, sin embargo, lo hacen. Amo esa legión fatídica de la Humanidad que forma su faz negra: el Pueblo. Lo amo porque le conozco. Le compadezco porque sé de sus lágrimas, porque he compartido su cáliz y he visto los dramas, indescriptibles de horror, en todos los cuales la Miseria lleva el primer papel, realizados en esa caverna pestilente, negra y fría que se llama el suburbio. Ni aun sus crímenes me le hacen repulsivo. Todos ellos tienen un solo nombre: Hambre.
Amo al pueblo por su infortunio; porque sólo en él existe en forma perfecta. Allí tiene su pináculo el Dolor, porque reasume al Dolor moral y dolor de las entrañas: ¡el Hambre!” Gabriela Mistral.
“La instrucción de la mujer es una obra magna que lleva en sí la reforma completa de todo un sexo. Porque la mujer instruida deja de ser esa fanática ridícula que no atrae a ella sino la burla; porque deja de ser esa esposa monótona que para mantener el amor conyugal no cuenta más que con su belleza física y acaba por llenar de fastidio esa vida en que la contemplación acaba. Porque la mujer instruida deja de ser ese ser desvalido que, débil para luchar con la miseria, acaba por venderse miserablemente si sus fuerzas físicas no le permiten ese trabajo.
Se ha dicho que la mujer no necesita una mediana instrucción. Y es que aún hay quienes ven en ella al ser capaz sólo de gobernar el hogar.
Instruir a la mujer es hacerla digna y levantarla. Abrirle un ampo más vasto de porvenir, es arrancar a la degradación a muchs de sus víctimas.
Instrúyase a la mujer. No hay nada en ella que le haga ser colocada en un lugar más bajo que el del hombre. Que lleve una dignidad más al corazón por la vida: la dignidad de la ilustración. Que algo más que la virtud le haga acreedora al respeto, a la admiración y al amor. Tendréis en el bello sexo instruido, menos miserables, menos fanática y menos mujeres nulas.” Gabriela Mistral.
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